4-Otra de burritos y con moraleja

Otra de burritos y con MORALEJA

 

Una vez más nos encontramos con otro animal que durante un largo período de tiempo no ha sido atendido en cuanto al cuidado de sus cascos, al parecer nadie quiere desplazarse hasta el pueblo donde se encuentra y algún principiante o aficionado que se personó no tomo la iniciativa por la situación en que se encontraban sus cascos.

Nos encontramos ante un problema frecuente: éste no es un cliente potencialmente interesante, no es rentable y carece de interés para cualquier herrador que tenga su agenda apretada.

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Se trata de un señor mayor que mantiene este animal por lo que supuso para él y lo que le ha dado en su vida; puede proporcionarle comida y un buen prado para vivir pero……………… “problema” no consigue que nadie se acerque a su pueblo a recortar los cascos a su burro, eso condena al animal a encontrarse en estas condiciones.

Los cascos de sus extremidades anteriores lógicamente no mantienen ningún tipo de alineación de sus falanges, sometiendo a un grave riesgo a parte de sus estructuras, en particular al Tendón Flexor Profundo y la estabilidad del Tejuelo.

Los cascos de sus extremidades posteriores, como en otros casos, suelen estar en peores condiciones ya que siempre están sometidos a menor desgaste, y presentaban este aspecto.

 

 

 

 

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Hasta aquí todo predecible, pero mi encuentro con este caso fue totalmente fortuito y su desenlace mas “curioso” todavía.

El herraje de un caballo de un amigo me llevó a este lugar, se presentaba una mañana fría del mes de enero de cielo despejado pero con bastante viento (más adelante entenderán lo del subrayado); cuando me encontraba finalizando el herraje del caballo y alertado por el sonido del yunque (según confesó), se personó en el lugar un señor mayor apacible acompañado de un burro, que accedió por una pendiente cuesta arriba hasta llegar a donde nos encontrábamos.

Una vez allí, rogó que por favor atendiera a este animal justificándome el estado en que se encontraba y dejándome claro que estaba dispuesto a pagar lo que fuera necesario.

Mi horario ya estaba complicado y se salía del programa, al fijarme en sus aplomos y tras el correspondiente resoplido, algo que muchos conocemos, (llámenlo reto, lástima….algo de indignación, bueno mezclémoslo todo), hizo que me viera envuelto en el problema.

Decidí recortar y aplomar hasta donde se pudiera para dejar más “cómodo” al animal, sus extremidades anteriores resultaron más fáciles.

 

Pero las posteriores tenían bastante más complicación y se encontraban más deformadas, aun así mejoró notablemente.

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Cuando me disponía a darle el acabado final a sus cascos, mi remolque que se encontraba con las puertas abiertas, tras recibir un golpe de viento se movió empujando el coche, este que al parecer no tenia el freno de mano completamente bloqueado, comenzó a desplazarse cuesta abajo ante la mirada atónita mía y del propietario del burro; la providencia hizo que al iniciar el camino un bache lo desviara y no continuara por el precipicio, empotrándose en una valla cercana.

Sin salir del asombro de lo ocurrido, acabe rápidamente el trabajo. El hombre desconcertado, preguntó por mis honorarios y la situación y mi cabeza solo pensaba en el desastre que podría haber ocurrido, provocando en mi la rápida respuesta de: “nada, no se preocupe” deseando ver el alcance de los daños en el vehículo. Al momento escuché de él las gracias y una frase que pronunció de forma impasible en la que no reparé y que pasé por alto en ese momento.

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Una vez en el taller se comprobó que la avería era mayor de lo que parecía e interiormente se había dañado el turbo, etc, etc y allí quedo.

Volviendo a casa en un vehículo prestado y haciendo balance de lo ocurrido, intente recordar la frase que pronunció aquel hombre y esta vino a mi cabeza, decía algo así:

“No hay buena acción que no tenga su justo castigo”

Me pareció un contrasentido pero se ajustaba a lo sucedido, pensé…,… un día para olvidar, pero a dia de hoy algo bueno quedó en mi memoria, sin duda esta imagen.

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